Con frecuencia encontramos en los pasillos de algunas oficinas esa persona que siempre critica los proyectos, no le parece bien el desarrollo de la tarea, se enfoca en lo que podría salir mal, a pesar del buen trabajo realizado, encuentra los errores ortográficos de la presentación y siempre cree poder hacer las cosas mejor que los demás. Sumado a una cara de limón mezclado con soberbia.

Este estilo de pensamiento no aporta a un ambiente laboral sano y sí puede deteriorar el resultado de los proyectos porque desmotiva al grupo. No sólo eso sino que esa persona normalmente no tiene tacto para referirse a los demás y rápidamente encuentra rechazo en su trato con sus compañeros. Curiosamente son personas muy buenas en el desempeño de sus labores y tiene espíritu de liderazgo, por lo que pueden contagiar su mala vibra a otros del equipo. Sin embargo, ese apoyo tiende a devanecerse con el tiempo y la empresa de alguna forma (a veces inconsciente) comienza a aislarlo, le quita protagonismo, no lo tiene en cuenta para futuros ascensos o nuevos proyectos porque, aunque puede ser muy talentoso y aportar trabajo valioso desde sus aptitudes, la verdad es que su comportamiento es un factor negativo que baja la productividad, resta eficiencia y crea mal ambiente.

En el peor de los casos, la empresa prefiere prescindir de esta persona porque, al fin y al cabo siempre habrá alguen más que tenga los mismos conocimientos y experticia.

Debemos entender que cada comunicación tiene una carga emocional y debe expresarse lo suficientemente estructurada, bien pensada y respetuosa para ser recibida por otra persona que no tiene el mismo estilo de pensamiento crítico y específico. En pocas palabras, hay que aprender a decir las cosas, acostumbrarnos a pensar antes de hablar, a construir nuestras ideas desde un punto de vista positivo, resaltando lo bueno primero y exponiendo las oportunidades de mejora en lo que no es tan bueno.

El asunto es proporcionar la solución incluso antes de exponer el problema.

Cuando otorgamos una retroalimentación hay que asegurarse de dirigirse en primera instancia al asunto propio del trabajo y a los resultados del proyecto, y no referirse a las características personales y faltas humanas.

También es bueno entrenarse en recibir bien esos comentarios, siempre de una manera muy profesional y usar la inteligencia emocional para retener lo bueno y aprender de lo no tan bueno.

Esto, aunque no lo creamos, genera un ahorro en los costos de operación optimizando significativamente el tiempo en una organización, la cual finalmente lo que busca es consolidar un equipo productivo y que se sienta cómodo con su desempeño y crecimiento.